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Los nacionalistas catalanes planean una importante reforma: de hondo calado, dicen. Dado que Rafael de Casanovas no falleció el 11 de septiembre de 1714 en el asedio de Barcelona, sino muchos años después, plácidamente, tras trabajar como abogado en una urbe del extrarradio, a nadie le importará, afirman en conversaciones privadas, que, y cito textualmente : “la Diada Nacional es traslladi al dia 12”.

Están muy preocupados porque los atentados del 11-S le han robado todo el protagonismo mediático al recuerdo de la bárbara agresión de Castilla contra Cataluña y sus libertades. Desde el 11 de septiembre de 2011, l’Onze de Septembre ya no es una fiesta reinvindicativa del odio antiespañol como es de Ley, dicen los separatistas, sino un constante recordatorio de lo de las Torres Gemelas. Es indignante. Preparan una nota oficial dirigida a la Casa Blanca quejándose formalmente por la intromisión en los asuntos del imperio, y estudian una campaña de publicidad en todos los medios que rece tal que así: “El día 11, celebra un mito, no una realidad. Cuestión de principios”.

Si la campaña no surte efecto este año, el Decreto se dictará por la vía de urgencia porque no se puede soportar más, según fuentes nacionalistas, la intolerable agresión norteamericana. Los nacionalistas de izquierdas hacen hincapié en el carácter neocon de la conmemoración imperialista yanqui del 11-S afirmando que los culpables auténticos están en Tel Aviv y el Vaticano; y los de derechas abrazan directamente la causa sionista convencidos de que en el fondo el ataque de Al Qaeda se produjo ese día para minimizar la importancia de la fiesta nacional de Cataluña. Como siempre, la causa palestina es el único punto de disenso entre nacionalistas.

Los indignados perrofláuticos, por su parte, a través de un portavoz anónimo, piden que sean fiesta los dos días y que el Ayuntamiento organice conciertos gratuitos en todas las plazas de la ciudad de Barcelona. Se trata, dice el portavoz, de impedir que la gente trabaje, para que no se note que nosotros no hacemos nada por el país. Reclaman, por supuesto, una subida de las tasas de basura y del IBI, para acabar con la opresión del capital.

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