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Querido Indignado perrofláutico:

Hoy es día 1 de septiembre. Me encamino al trabajo, como tantos otros millones de ciudadanos. Ya sé que te gustaría que me quedase en casa criticando a la gran Banca, los curas y los taxistas. Pero, chico, qué le vamos a hacer, tengo una familia que tirar adelante. No sé si lo sabes, pero los niños comen mucho, y se visten, y van al colegio, y enferman, de modo que los papás tienen que trabajar para alimentarles, vestirles y procurar su salud. A ti, eso, ya lo sé, te da igual. La gran Banca te roba, los curas según tú no te perdonaron aquel pecadillo adolescente y les guardas rencor, y los taxistas…¡ay, los taxistas! Los odias y no sabes por qué. Quizás porque escuchan cadenas de radio que tu credo antitodo no puede asimilar. No pasa nada.

Te escribo para que lo sepas. No pasa nada. No has conseguido nada, ni lo conseguirás. Yo sigo deseando que llegue el lunes para ir a trabajar, y sigo deseando que llegue el viernes para poder disfrutar intensamente de mi familia. Sigo creyendo en Dios, más si cabe. Y luchando por amarle, cada segundo, un poco más, y corresponderle. Sé que me odias tanto o más que a aquel peregrino austríaco que rezaba el Rosario la calle Alcalá mientras le escupías y tocabas la flauta mal, rematadamente mal. Y eso que tus padres, bienintencionados, te pagaron varios cursos de solfeo. Pero te entiendo. No podías aceptar la facciosa autoridad de aquella profesora que te enseñaba los rudimentos del bello arte musical. Muera la autoridad. Por eso tu perro no lleva correa, ni bozal.

Trabajaré intensamente hoy. Y espero que mañana. Ofreceré mi trabajo por esos hijos a los que dejo en casa con su madre, a la espera de empezar las clases. Ellos no conocen de tu existencia. Para ellos, yo soy la facciosa autoridad que coarta su natural libertad. Pero me quieren. Es curioso. Trabajaré intensamente, llegaré cansado a casa. Quizás te vea en la Plaza Cataluña molestando a los viandantes y turistas. No pasa nada.

Mañana el Banco me pasa el recibo de la hipoteca. Gracias a Dios, podré abonarla. La verdad es que sí, son unos ladrones. Pero lo cierto es que gracias al Banco pude comprar mi casa. Yo le dije al vendedor que me firmaran 887 letras y que se las abonaría religiosamente. Sin embargo, él me dijo que necesitaba el precio total de la casa. Una pena que la gente ya no confíe en el otro. Pero le entiendo.

No te preocupes, yo trabajaré hoy intensamente con muchos otros millones de españoles, para pagarte la renta mínima de inserción, y el subsidio, quizás tu pensioncilla como incapacitado que con un poco de fraude has conseguido. Trabajaremos duro y cotizaremos a la Seguridad Social para que puedas acudir de urgencias, y saturar el servicio; y pagaré el IVA y el IRPF para que puedas ensuciar las calles tranquilamente. No te preocupes. Algún día, todo cambiará. No será por ti, por supuesto. Cambiará como consecuencia del trabajo y el esfuerzo continuado de los que preferimos dar que recibir, cumplir que reclamar, trabajar que reivindicar. Sabemos que la libertad y la justicia se conquistan trabajando, y que trabajando nos hacemos más hombres, colaboramos al Bien Común, alimentamos a los nuestros, y en fin, colaboramos en el plan de Dios.

No sé qué plan tiene Dios para ti, pero seguro que es bueno. Lástima que prefieras ignorarle. Mañana sigo contándote.

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