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Otra vez. Llegaron de nuevo. Como los de antes. Ahora con internet en sus manos son más fieros y peligrosos. Con sus parafernalias, sus caravanas, sus mítines, sus promesas, sus insultos, sus rencores, sus miedos, sus dudas, sus azafatas, sus fotos de familia, sus gestos grandilocuentes, sus sonrisas, sus dedos haciendo la señal de la victoria, como quien dice Voto. Llegaron las elecciones. Aún no nos hemos repuesto del último proceso electoral y están otra vez aquí. En realidad, nunca se han ido, pero ahora los tienes que ver colgados de las farolas, pegados a las marquesinas de trenes y autobuses, adosados a los árboles de la ciudad. Son los políticos en estado de ebullición. Llegan de nuevo las elecciones.

No hablan de libertad profunda, de respeto a los inviolables derechos individuales, de libertad económica, de valores y virtudes. Hablan, qué sé yo, de coches eléctricos, de fondos de compensación, de violencia intrafamilia y demás fantochadas. Habrá que resistir de nuevo. Cada vez con menos entusiasmo. Será que me hago mayor. O que tengo menos tiempo para estas cosas. Espero que no sea que me ablando o me vuelvo tibio. Eso, nunca. Se lo pido a Dios, y a mis amigos, que para eso están, para recordarme mis deberes.

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