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Se dice que algo es de rabiosa actualidad. Al momento, siento un desapego por ese algo. No sé si es por lo de actualidad, o por lo de rabiosa. O quizás por ambas cosas.

Las noticias se agolpan, se amontonan, se embrutecen, como en una melé. No puede distinguirse la verdad de la mentira, lo cierto de lo inventado, lo creado de lo revelado. Las noticias matan la reflexión. El ser humano tiene una capacidad limitada de recibir información y aún más de asimilarla y procesarla adecuadamente. Si esa información se empaqueta en forma de noticia, se le colocan imágenes, un titular llamativo, y luego se hace circular por la red en forma de “power point”, deviene libelo.

Noticias y más noticias. Que si aquí ha sucedido esto, y allá aquello, y a unos cuantos kilómetros lo de más allá, y más allá, allende el Océano, tal suceso estrepitoso que nos anuncia, casi, el fin del mundo. Noticias. Tengo para mí que nos tienen enredados en un juego noticioso de rabiosa actualidad. Ya sea en el fútbol, o en el cine, o en la literatura, y mucho más en la economía o en la política. La noticia, la nota de prensa, el mail con su “power” adjunto, que te bloquea la bandeja de entrada, y que empiezas a leer y cuando llevas treinta segundos dices: <<¡qué imbécil que soy!>>; y entonces le das al “escape” y luego a eliminar. Sientes la tentación de reenviarlo pero luego piensas que si tú no lo has soportado ni medio minuto por qué vas a hacerles pasar a tus amigos el bochorno de perder el tiempo.

La rabiosa actualidad está por la mañana en el Marruecos cobarde que amenaza nuestra soberanía; y al mediodía en la Bolsa que presume de sus alzas, y por la tarde en la lista de “Sortu”, y a media noche en el desabastecimiento de determinados productos; mañana amanecerá con una agresión islámica a las minorías católicas desparramadas por el mundo a fin de cumplir el mandato evangélico, pero pronto se sofoca el sofoco con la noticia de una huelga salvaje – que no te afecta, ni te afectará jamás pero que te indigna como al que más – y se reaviva en la hora del té con la absurda comparecencia de un ministro desinformado respondiendo el sofisma del diputado opositor. Nos pasamos el día contribuyendo al desorden mental y a la desinformación mediante el sistemático y repetitivo reenvío de correos electrónicos que mueren en la papelera del ordenador.  Ni un minuto de sosiego. Nuestras opiniones y temas de conversación giran en torno a la rabiosa actualidad.

La rabiosa actualidad nos aparta de lo verdaderamente relevante. Que este mundo, tu ciudad, tu familia, tu empresa, tu organización sindical, tu universidad, tu Patria, necesitan de ti, de tu esfuerzo, de tu compromiso, de tu responsabilidad, de tu decisión, de tu valentía. Que es la mía. Y esto, por desgracia, hace tiempo no es de actualidad, ni rabiosa ni sana.

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