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Hace unos días dejábamos a Rianu a las faldas de la sierra donde se alza soberbio el castillo del Andador, sentada en la margen del río Guadalaviar descubriendo los secretos de un viejo lugareño que practicaba como vocación la pesca a mano. Pasaron los meses, quizás los años, qué sé yo, quizás no importa. Rianu descubría las paradojas del mundo en que vivía. Un mundo en que ya nadie alza castillos ni siquiera en el aire. Descubrió un día como sin darse cuenta, que es como se perciben de verdad las cosas, que era la única de su clase en el Colegio N..de la V…que soñaba. Me refiero a soñar despierto, que es una forma como cualquier otra de construir un proyecto; no a soñar dormido, que es más que nada una cobarde venganza de ese señor al que llaman subconsciente, en forma de película cutre y subvencionada, sin guión, sin actores, y sin final. El que no sueña no vive. El sueño es la primera piedra de toda hazaña, de toda vida, de toda heroicidad. El sueño es la antesala del propósito. Nadie puede marcarse metas en esta vida si previamente no las ha soñado. Nadie soñaba en clase. Se lo dijo su mejor amiga, Carmen, cuando Rianu le contó que soñaba con construir un puente gigantesco que uniese Madrid con Buenos Aires : yo hace tiempo que no sueño. Rianu se quedó vivamente preocupada. Al llegar a casa se lo contó  a su madre y sus hermanos, mientras cenaban. Su padre aún no había llegado. Los hermanos se rieron, sin más, que es lo que suelen hacer los chicos cuando alguien tiene una ocurrencia y ellos no son los autores. Mamá miró fijamente a Rianu y le advirtió: “ya nadie sueña, Rianu. Yo ya no sueño.  Otros sueñan ya por nosotros. Tú eras muy pequeña y no lo recordarás, pero hace unos años el Gobierno sometió a referéndum esta cuestión”. Rianu no sabía lo que era un referendum ni qué era el Gobierno, pero no preguntó. Esperó que su madre le aclarara el asunto. “Pues sí, Rianu, hace unos años, cuando aquella crisis económica que asoló toda Europa, ¡el mundo entero!, el Gobierno, cumpliendo su función, decidió liberarnos de cuanto nos pudiera preocupar. Algunos intelectuales de prestigio reconocido, todos ellos muy jóvenes pero muy listos, o al menos eso parecían, los más profesores de Universidad, nos explicaron durante quince días que el origen de nuestros problemas se hallaba en los sueños. Al parecer, se nos había metido a los españoles en la cabeza la terrible idea de que el mundo debía ser mejor, y eso nos producía terribles pesares, depresiones, estrés, incomprensiones, y que ello era fuente de miseria, pobreza, injusticias, desigualdades, homicidios, consumo de alcohol y de tabaco y no sé cuántas cosas más”. “Al parecer”, se nos dijo, “durante años, habían intentado igualarnos a todos, en derechos, en deberes, en oportunidades; pero los hombres seguíamos sin ser felices e iguales, y eso era intolerable e injusto, y habían decidido atacar la raíz de todo: los sueños. Además, la crisis…Ay! la crisis…No habia hecho más que malbaratar el plan secular de quienes luchaban por la igualdad. La crisis azuzaba los sueños, quien más quien menos soñaba con salir de ella, o con encontrar empleo, o una buena oportunidad, quién soñaba con un negocio, quién con una inversión; algunos incluso soñaban con un amor posible, o imposible incluso”. “Se nos dijo, con muchos ejemplos, que había gente que soñaba con un mundo en libertad. Y eso era…eso era insostenible porque la libertad es enemiga de la igualdad, como todo el mundo sabe”. “Se nos dijo que el Gobierno tenía un plan: la creación de un Consejo Estatal de los Sueños, al que asesoraría un Observatorio sobre la igualdad en los sueños. Este Consejo se reúne semanalmente todos los lunes, salvo que haya partido de Liga, y determinalos sueños de cada uno de los nacidos en España durante la semana inmediatamente anterior.Mediante un documento, Adhesión al Plan Nacional de los Sueños, todos renunciamos a nuestros sueños reconociendo al Gobierno esa facultad que le corresponde por derecho, como nos explicaron durante aquella campaña”. Los españoles votamos y ganó el sí. Bueno, en realidad, ganó el no, pero se repitieron las elecciones seis meses más tarde, y entonces ganó el sí, porque el Gobierno desenmascaró a los partidarios del No, una suerte de turbamulta de desarrapados inconformistas y libertarios. Rianu terminó la cena. Le dio un beso a mamá. Dijo buenas noches a sus hermanos y se sentó justo enmedio del recibidor esperando que llegase papá, sin decir palabra. Nada más abrir la puerta, saltó a su cuello con la mejor de sus sonrisas, le besó la mejilla y le dijo en voz muy baja, como quien le confía a un amigo un secreto inconfesable: “¿Tú sueñas, papá?”. Su padre, el urbanita urbanista, le dijo: “Hija mío, ya sólo sueño que tú sueñas”. Rianu sonrió, le guiñó y le susurró al oído: “Tu sueño se ha cumplido. Necesitaremos otro de forma urgente”. Besó a su padre de nuevo y se metió en la cama, sonriendo.

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