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Hace ya casi dos semanas de las elecciones autonómicas en Cataluña. Análisis los ha habido de todos los colores, las más de las veces, por no decir todas, interesados. Internos y externos. Fruto del debate, o de la imposición, de la razón o del corazón, de la inteligencia o de la más absoluta estulticia.

En mi opinión, de entre todas las consecuencias que pueden extraerse, hay una que destaca porque no tiene – o al menos, no debería tener – un recorrido enano, de vista corta o cansada, sino de amplias conclusiones.

El PP es acusado -impropiamente como se ocupan de señalar constantemente sus representantes y líderes – de españolista y derechista, casi fascista se diría, que hoy el fascismo es doctrina devaluada, y cualquier sujeto al uso puede ser tachado de tal. Pues bien, a pesar de que la tildada de xenófoba – por los medios y contrincantes – Plataforma por Cataluña ha multiplicado por cuatro los votos obtenidos en las últimas elecciones en que concurrió y el también españolista – según los medios y contrincantes, claro – Ciudadanos C’s ha consolidado su posición electoral, el Partido Popular no ha perdido peso en el Parlamento, antes al contrario, ha obtenido el mejor de sus resultados, con una puesta en escena más “dura” que la presentada hace cuatro años.

Se demuestran así dos hechos indiscutibles pero que al parecer los ideólogos de campaña y analistas de cabecera han negado durante años, a saber: que la abstención no es de izquierdas y que existe un amplísimo número de ciudadanos hastiados de la socialdemocracia, del estado del malestar y de lo políticamente correcto que no votan porque se sienten desafectos al régimen y que sólo acudirán a la llamada de quien les ofrezca, y por este orden, libertad, seguridad, justicia, orden.

Y segundo, que el Partido Popular, como toda organización, necesita una definición y delimitación. Quien detrás suyo tiene la pared, no puede crecer por la pared. Quien detrás suyo tiene opciones políticas que le desbordan o limitan por uno u otro lado, no tiene límites en su crecimiento y expresión ideológica.

Se repite constantemente que las elecciones autonómicas son el adelanto de lo que sucederá en las municipales de primavera y las generales del año 2012. En mi opinión, ello sólo será posible si el PP advierte que no le perjudica dejar respirar a quienes le circundan, siempre que sea fiel a los principios, valores, ética y estética que conforman su ser histórico.

Crecerá así el PP, sólo si crecen, se consolidan o adquieren carta de naturaleza otras opciones como C’s, UPyD, PxC o AES en sus diferentes ámbitos de representación. Lo hemos visto en EEUU, donde la victoria republicana se ha fraguado con la irrupción de un nuevo Tea Party que le desborda por la banda derecha.

On y verra, que dicen los franceses.

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