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Tiempos difíciles vivimos. Otrora hubo también tiempos difíciles. Charles Dickens nos dejó hermosa prueba.

Los tiempos difíciles se muestran como momentos de tribulación, de dudas, de asechanzas. Decía Chesnokov que un ser humano sin plan no es humano. En su inmortal obra Tratado de la acción humana, Ludwig von Mises nos descubre un hombre-en-acción; pero esa acción siempre, para ser verdaderamente humana, debe tener un objetivo, una finalidad. Cuando el hombre en individual deja de tener un plan se acerca a la bestia; si es en colectivo, se acerca al caos. Vive desorientado, llevado sólo por su instinto, y acaba domesticado por quien le pastorea. Los tiempos difíciles se caracterizan por la ausencia de sentido, esto es, de guía, de orden. Los tiempos difíciles se viven sin brújula.

Y cuando falta la brújula, el hombre debe hacerse de nuevo, y mirar al cielo, arriba, buscando la estrella que guíe su camino. No se puede vivir permanentemente con dudas. La estrella es la Polar. La Polar es lo que verdaderamente importa. Saber encontrar el norte, individual y colectivo, que dirija nuestros pasos hacia nuestra meta: nuestra vocación. La Polar nos anima, nos reconforta, nos ayuda a retornar al camino, nos une, individual y colectivamente.

Así se ha llamado el campamento de la Oje de Cataluña este verano: La polar es lo que importa. Buena consigna de siempre, extraordinaria en tiempos de marasmo…Os animo a ver el vídeo, y ver cómo es posible rehacerse con nuevas formas, con nuevas músicas, con nuevas apariencias externas, pero por dentro, unidos en la Polar.

Llámale Polar, llámale Dios…

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