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Hace unos días señalaba jugando a adivino algunos posibles escenarios que nos ofrece el próximo proceso electoral en  Cataluña. Uno de ellos los llamaba “El malo”.

Consiste en síntesis en que todo sigue igual…igual que ahora, que antes, que hace cinco años, o diez, o veinte. Gana CIU sin mayoría absoluta por uno o dos y gobierna con el apoyo de un PP que presenta una lista tenue, frágil, con caras nuevas pero todas aparatomizadas, sin nervio, prestos a seguir las consignas de su no-socio, pendiente de las elecciones generales, se apoya el presupuesto a cambio de no ser molestos en los fundamental; el PSC sigue en el Poder, aunque no en el Gobierno, no entra PxC ni Reagrupament, ni UPyD, baja ERC e IC….

Con toda seguridad, y a salvo el supuesto de una mayoría absoluta de Convergencia, la opción más plausible en la actualidad es la victoria de Convergencia en situación de mayoría minoritaria, condenando al partido de Mas, a tejer pactos de gobierno, o al menos, de estabilidad gubernamental. Parece, además, que si es cierto el batacazo de ERC, con la entrada de otros grupos de claras aspiraciones secesionistas, el PP resultará la pieza perfecta en la “renaixença” convergente.

¿Por qué le llamo “el malo”? Pues porque ese modelo pasa por volver decididamente al desierto catalán. Se habla del “oasis” catalán. ¡Menuda memez! Será, si algo tiene que ser, el “desierto” catalán.

Le llamo el malo porque supondría la desaparición de Ciudadanos, un soplo de aire fresco en el paisaje partidista de Cataluña, y en muchas ocasiones, por desgracia, la única referencia de un buen número de votantes; y porque daría lugar, seguro, en un plazo más corto que largo, a la desaparición del PP en Cataluña. Un PP rendido a la Convergencia está condenado irremediablemente a la desaparición por desintegración. Muchos piensan incluso que en realidad no deja de ser un escenario deseado incluso dentro del PP.

Condenado a la desaparición porque en Política sólo puede sobrevivir el que se distingue, el que se percibe como algo diferente, el que se intuye como distinto. Ese escenario, perdónenme, no es útil para nadie, salvo para el nacionalismo intransigente, secesionista y laico de Convergencia. Y de Unión, claro. En ese escenario, además, el Parlamento volvería irremediablemente a la grisura de la mediocridad y la medianía.

¿Saben qué cambiaría todo a mi juicio? Un Partido Popular coherente. Serio. Responsable. Un Partido Popular que se plantease las elecciones como una extraordinaria batalla por el voto de la clase media catalana. Que dirigiese toda su campaña a combatir a la Convergencia laicista y secesionista.

Ello reabriría espacios para Ciudadanos y para UPyD. Todo el mundo sabe, incluso ellos, que si no se unen, no llegarán al Parlamento. Está en sus manos. Y con un PP enfilando a CIU, UPyD con Ciudadanos, podrían mirar directamente, de frente, al PSC, ajustando la linea de tiro.

En ese escenario de un PP coherente, serio, combativo, ardiente, PxC entra seguro, porque  a PxC si algo no le conviene es el bipartidismo y la biconfrontación en campaña. Cuantos más mejor,…

Lo malo sería todo lo contrario.

Firmado: Un espectador

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