Etiquetas

, , , ,

Muchos de ustedes estarán al tanto, como se dice, de lo que resumidamente les relataré. Otros, por el contrario, no. Hace ya unos días en el exitoso programa de Intereconomía TV, El Gato al Agua, Don Eduardo García Serrano, periodista de raza, digno sucesor de su padre, ¡maestro!, Rafael García Serrano, se calentó el alma, y el corazón, encendido por la tristeza de leer una emponzoñada web oficial de la Generalidad de Cataluña y le dedicó un par de improperios, subidos de tono, a la consellera de la Generalidad, Marina Geli.

Pocos días después, Don Eduardo, pedía perdón públicamente en el mismo programa de televisión, a la ofendida o supuestamente ofendida por los improperios.

http://www.youtube.com/watch?v=jv3oIQkwDYs

Toda una muestra de gallardía, de hombría y un ejemplo público de cómo se comporta un buen católico. Pidió perdón. Que es como pedir la vida. Porque uno se come por dentro, se le come la pena, la tristeza, el remordimiento. Se le come la prisa por pedir perdón. La imagen que ofrece Eduardo es un retrato evangélico. Es una pieza extraordinaria, un sol amaneciendo, una primavera que florece, una rosa que se abre a la satisfacción del ofendido, a la vida que se sigue, que se vive, que se sigue viviendo.

La consellera – no me atrevo a colgar el vídeo – no perdonó a Eduardo a pesar de sus palabras, y sus sentimientos, y toda su verdad, y toda esa gallardía. No perdona. No entiende. No perdona. No sabe perdonar. No sabe, parece, qué es el perdón. Disfruta con la imagen de Eduardo a punto de romper en lágrimas, que es como se rompen los hombres, despedazados por la pena y la vergüenza. No perdona. El perdón no forma parte de sus principios morales. No entiende. Quizás porque jamás ha pedido perdón. Porque jamás ha sentido vergüenza. Porque jamás ha doblado el espinazo para recoger los pedazos de ella misma e intentar recomponerlos, porque jamás ha deseado ver el sol por la mañana feliz por estar en paz. No perdonar y no pedir perdón son signos indiscutibles de falta de humanidad.

El ejemplo de García Serrano, Eduardo, proclama la primavera a la que escribía su padre. El ejemplo de García Serrano nos da una muestra de lo que es el estilo, que no es hacerlo todo bien, sino hacerlo todo por Amor, aun cuando se haga mal, y pedir perdón, también por amor al Amor, aun a sabiendas de tener razón en el fondo. ¡Eduardo, gracias! Gracias por tu ejemplo, por tu grandeza de espíritu. ¡Y ánimo! No desfallezcas. Allí donde estés, cree y espera; porque el cielo es limpio. A ti, fiel camarada, que padeces el cerco del olvido, atormentado, ¡pon arriba! ¡tus ojos, siempre arriba!

Ellos no entienden nada…

Nosotros…siempre arriba, Eduardo.

Siempre arriba

Anuncios