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Me detengo en una información publicada en El País, edición del 8 de junio, al que acompaña un artículo de opinión titulado “Merkel como problema”. Tras analizar el plan de ajuste anunciado por Angela Merkel para Alemania ( imposición de una tasa financiera a los Bancos, a las compañías aéreas y a las centrales nucleares, más reducción del gasto denominado eufemísticamente social), se concluye que las medidas adoptadas por Alemania serán las causantes de la no recuperación del resto de economías nacionales de la Unión, singularmente de Grecia, Portugal, Italia y España.

¿Cómo, se preguntarán Ustedes? Pues la respuesta es clara: como Alemania ha decidido ahorrar 80.000 millones de euros recortando subsidios de desempleo y diversas ayudas denominadas sociales, como la tasa de ahorro de los alemanes crece, crecen sus exportaciones y mejora su balanza comercial, es claro que se beneficiará su deuda pública, mejorando aún más el ahorro, y produciendo déficit comercial en el resto de naciones de Europa.

El País aboga por la tesis keynesiana. Incrementar el gasto para “crear artificialmente” una demanda que aumente el consumo y reactive la economía, sobre la base de aumentar exponencialmente el déficit y la deuda pública. Merkel por el contrario aboga por hacerse fuertes, ahorrar, invertir en educación e investigación ( en España estos capítulos se ven directamente afectados por los recortes presupuestarios, que sin embargo no reducen ni un ápice el gasto social improductivo, las subvenciones, ayudas y demás prebendas), atraer el capital extranjero para recuperar su economía productiva. Merkel parte de un hecho incontrovertible de hondo calado moral: “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” y lo hemos pagado. Preciso es tomar las riendas del asunto y ajustarnos a la realidad.

En España, por el contrario, se ha decidido cerrar los ojos y esperar que la tormenta amaine. Y como no amaina, y al final se han de tomar medidas de ajuste, le echamos la culpa a los alemanes por hacer los deberes. Mal estudiante.

Merkel y Sarkozy

Entender la economía desde el consumo y el gasto público, es decir, desde el análisis de la demanda resulta casi sonrojante. La izquierda defiende la sociedad de consumo y gasto, apretando a funcionarios y pensionistas tras regalar nuestro dinero al sector financiero mientras la derecha, mala, impone tasas a los ricos con un discurso de contención y templanza colectiva.

Es el cuento de la cigarra y la hormiga. Mi hijo mayor me la contaba a su manera el otro día con una canción que aprendió en el colegio. Trabajar, trabajar, ahorrar, para cuando llegue el invierno. Por si acaso el invierno se instala en casa durante mucho tiempo, a pesar del anunciado cambio climático.

El problema de España no es Merkel, no. El problema de España se llama ahorro, trabajo y decencia.

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