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Lo recuerdo como si fuera ayer. Era un 31 de octubre, domingo. Bajé del tren procedente de Barcelona en Madrid-Atocha, vestido de paisano con mi petate en una mano y el portatrajes en otro. Mi tren hacia Toledo salía en un par de horas. Dos camaradas de Madrid compartieron conmigo un par de cervezas bien frías. Cabello bien corto. El recuerdo de la Jura de Bandera en Alicante bien reciente. En la estación me puse el uniforme de paseo.

La llegada a Toledo fue magnífica. Noche cerrada, frío. Un taxi me lleva a las puertas de la Academia. Al otro lado del Tajo se avista el Alcázar. Los 325 caballeros alumnos que aspirábamos a ser Alféreces SEFOCUMA nos agolpábamos en silencio a las puertas del control de entradas. A formar, revista, novedades, cena y a dormir. La mañana siguiente….En ese patio de armas!

Desde Covadonga o las Navas, pasando por la victoria de Lepanto, la derrota en Rocroy, la hazaña de Breda, la toma del fuerte de Ham en La Batalla de San Quintín, la derrota del francés en Bailén o Arapiles, Alhucemas, la resistencia heroica en Filipinas o en el Alcázar, el heroísmo extremo en Krasny Bor, hasta la actualidad, la historia de España, como la de las grandes naciones, está vinculada a la historia de su Ejército, de su infantería, que es la historia de sus soldados, profesionales, mercenarios, aguerridos o apocados, tristes o alegres, pero siempre valientes y orgullosos, y siempre unidos a la más firme y enraizada tradición hispana, católica y mariana.

La Academia de Infantería por el capricho y el prejuicio anticristianos ha sido objeto de una afrenta extraordinaria y ante la al parecer pasividad de la autoridad militar no ha desfilado en Toledo el día de Corpus Christi; uno de esos jueves que relucía en España más que el sol. El enfado crece, la voz se crispa, el ánimo se enrecia. No paremos, amigos, jurémonos no parar hasta poder volver otra vez a ver desfilar a la gloriosa Academia de Infantería por las calles de Toletum.

Es claro que un movimiento conservador en España debe defender, proteger y promover – no sólo entre oficiales y clase de tropa – sino en el mismo sentir de la nación los valores y virtudes heroicas de la Institución Militar: el honor, la lealtad y el sacrificio. La defensa de la Nación y de nuestros valores y modo de vida no puede dejarse a unos pocos, pero es preciso que unos pocos – o muchos – nos enseñen el camino de la defensa de la nación, de nuestros valores y modo de vida.

Me asomo al patio de Armas…es ya 30 de noviembre. Un mes en la Academia que nos ha dejado a todos una señal indeleble. Juramos, cantamos, ¡gritamos! el Himno de la Infantería. Rompemos filas. ¡Sin novedad, mi general!

Os dejo unos cuantos vídeos para que todos, al menos, en casa, con nuestros hijos, o en nuestros trabajos con los amigos y compañeros, podamos disfrutar del Corpus y la Academia de Infantería.

Un abrazo a todos, sobre todo a mis amigos y familiares militares!

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