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Siguiendo con mi anterior post del día 18, en que afirmaba que el carácter o naturaleza social del hombre es indisociable de su intimidad y que su respeto, defensa y promoción constituyen exigencias para el buen gobernante, es preciso recordar que es en el seno de la familia – sin adjetivos inútiles que no califican sino desvirtúan – donde el hombre obtiene primera y eficazmente satisfacción de ambas exigencias de su naturaleza: el respeto a su intimidad y el crecimiento a través de las relaciones humanas.

O lo que es lo mismo, la familia constituye sin duda ninguna el primero y más natural ámbito de desarrollo y expresión del hombre como sujeto digno merecedor de la máxima protección.

Ése es el auténtico tesoro de la familia. Que sabe dar a la Persona lo que precisa, y que permite dar al ser humano lo que le hace ser Persona. Se dice – y quizás no sin razón – que no es ya aceptable en términos propagandísticos o apologéticos la definición de la familia como célula básica de la sociedad. Pero lo cierto es que no hay mejor definición. Cualquier antropología seria y decente intelectualmente, ya sea de inspiración estrictamente cristiana o no, no puede sino ceder ante el descubrimiento de que la familia constituye la asociación humana principal, básica y natural. La familia fue y es la primera respuesta a la necesidad del hombre de satisfacer sus instintos primarios – como la reproducción y el sustento y el amor, que es querer y sentirse querido.

La familia, y el concepto que de ella tenemos en nuestra civilización, que es cristiana, y romana y helénica, constituye junto al concepto occidental de Persona, el núcleo central del legado europeo. La defensa de la familia entendida sobre lazos de sangre – consanguinidad – o de matrimonio – afinidad – debe ser sin duda otro de los pilares básicos de una propuesta conservadora para Cataluña y España.

La propuesta conservadora en España es y debe ser una propuesta humana, ¿y qué hay más humano que la familia natural – a la que se asimila por analogía la familia adoptiva y por afinidad?

Desde aquí propongo la creación de un Ministerio de la Familia, que asumiría  por absorción las competencias de Asuntos Sociales ( ¿qué hay más social que la promoción y defensa de la unidad y fortaleza de las familias como punto de apoyo de la unidad y fortaleza de la sociedad en su conjunto?), de Igualdad, de Educación (pues es la familia la principal responsable de la educación de niños, jóvenes e incluso adultos) y de Vivienda ( ¿o no es sino la vivienda un problema estrictamente de las familias?)  al menos, reduciendo con ello además de forma considerable el gasto público estructural.

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