Etiquetas

, , , ,

Edith Stein nos dejaba ayer el sabor dulce de ese entendimiento de la Persona como un ser en relación, un ser que es capaz de serse – diría Ortega -, de verse, de intuirse, y de ser, ver e intuir al otro, siendo finalmente un tú y un yo, un yo en un tú. Es cierto, ¿es éste un blog de filosofía? No, claro que no. La incapacidad del autor, que te mira, lo impide. Pero cuidado! El fundamento del orden político y social no puede ser otro que el de la dignidad de la Persona. De otro modo estaremos en el abismo del totalitarismo…

Definiciones de la Persona hay muchas: amplias o extensas, reducidas, poéticas, filosóficas, de fundamento teológico o metafísico,…Pero lo auténticamente relevante es advertir que la Persona, el hombre, es digno en sí mismo, sin necesidad de ningún acento, color o aditamento; por sí mismo, con independencia de su formación, historia, adscripción personal o familiar, porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, y Dios lo ha querido así.

De este modo, la Ciencia Política, cuyo objeto no son ni pueden ser las estructuras, los sistemas, las normas sino las personas, y las relaciones humanas, no puede desentenderse de ese concepto de Persona, digna en sí misma, y por ello acreedora del máximo respeto.

Lo relevante para la ciencia política, sin embargo, no es tanto el origen de la dignidad – que importa a otras disciplinas como la Teología, la Metafísica o la Filosofía – o su definición, sino sus consecuencias y efectos tanto sobre las normas jurídicas que deben regular la vida social como sobre las estructuras y forma de organización del Poder que deben administrar y gestionar la aplicación y ejecución de esas normas.

Nos importa pues saber cómo es la Persona para poder sobre ello dar lugar a un sistema que ni la ate, ni la perturbe, ni la hiera: el hombre es en primer lugar y por encima de todo un ser religioso, que se liga o tiende a otros, que busca la Belleza y la Verdad porque en ellas pretende su felicidad, y lo puede hacer porque tiene historia, y memoria, y razón o entendimiento, y voluntad; por que en definitiva es libre; es un ser con intimidad, que se sabe persona, que se distingue, que es capaz de ser, y de verse, pero a la vez es un ser social, en relación, de tal modo que se es más persona cuanto más se es en los demás, cuánto más crece el hombre, cuánto más se anonada, se vacía, se da, se entrega; las persona es un ser capaz de comprometerse, y de amar, y de amar hasta la muerte; un ser sexuado, que desea, y que sufre, un ser corporal, finito, que muere. Todo eso es la Persona. Y quizás mucho más.

Aunque unos quieran ver en el Hombre sólo una cosa, un voto, un Nif, un sujeto que consume. Sólo viendo al hombre en su complitud seremos capaz de dar lugar a un modelo social que nos haga más libres para hallar la verdad.

Anuncios