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Llego de Madrid. El AVE se detiene a tiempo. Gente. Maletas. Caras de cansancio. Día intenso de trabajo. Llego de Madrid a tiempo con cara de cansancio tras un día intenso de trabajo. Esto de ir a Madrid es un sano ejercicio que recomiendo vivamente. Madrid tiene el sabor de la Historia que en Barcelona nos han cercenado cambiando el nombre de Calles, Plazas, Paseos y Avenidas. Odioso delito éste de robar a las gentes el nombre de las calles. La Historia juzgará con horror. Madrid sabe a Europa. Y a América. Además, Madrid, hoy por hoy, esconde siempre a un buen amigo que transitoria o definitivamente se afinca en la capital. Y en Madrid está el business.

Las Cuatro Torres, símbolo del Madrid más modernoHay un grupo en Facebook titulado “El cielo de Madrid” .  Hermosas fotos de la capital de España. Madrid sabe a Gran Vía, a Ministerio, a “Aquí nació…” o “aquí vivió y escribió sus mejores poemas…” tal o cual músico, pintor, político, filósofo, religioso cuyo nombre nos huele a la pequeña aula donde cursamos la EGB; Madrid sabe a Blasco de Garay o al Paseo de Rosales. El cielo de Madrid, dicen los autóctonos, tiene un aquél especial. No quito ni pongo coma, ni acento.

Hoy he pasado por delante de la Escuela de Guerra del Ejército. Y mi recuerdo y mi memoria, y mi entendimiento, y mi voluntad, y mi agradecimiento, han volado a cuantos han ofrecido y ofrecen su vida a España en cuarteles y campamentos, y a mis amigos de la infancia y la juventud que un día decidieron que su vocación era ser militar y hoy, quizás, vuelan hacia tierras lejanas mientras yo doblo la esquina subido a un taxi que galopa ya hacia el Paseo de la Castellana en dirección a Atocha. He avistado o intuido el Tribunal Supremo y he pensado en Garzón, y Varela, y las querellas, y los insultos, y en un país que se desmorona. Porque cuando las instituciones no se respetan a sí mismas sólo nos queda recurrir de nuevo al Hombre.  Y me he entristecido. Y he avistado el Congreso;  y recordado aquello del vasallo y el Señor; y…he mirado al cielo recuperando con ello el vigor, y la ilusión. La comida en Rosales ha sido magnífica. Salmorejo, ensalada de tomate, jamón con gulas. Vuelvo a pensar en los soldados, y en la Escuela de Guerra, y en los lotes de comida individual que disfrutábamos en las milicias. Buen tiempo. Siempre nos quedará el cielo de Madrid.

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