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Muchos amigos me recomiendan – y con toda seguridad con razón – cambiar el tono del blog.  Artículos más cortos, temas de rabiosa actualidad, entrar en el combate cuerpo a cuerpo con los asuntos que, con más o menos acierto, tratan los medios de comunicación. Y repito, seguro, tienen razón. Sin embargo, no sé hacer ni decir de otra manera. 

En mi opinión, no podemos renunciar a ser como las águilas, huyendo de la riña tumultuosa. Las águilas se caracterizan principalmente por su gran tamaño, constitución robusta y cabeza y pico pesados. El movimiento de renovación que es preciso, urgente, protagonizar debe caracterizarse por su gran tamaño, por no excluir innecesariamente a nadie que quiera caminar con nosotros y por no eludir ningún ámbito de la vida social, política, económica, cultural de nuestra sociedad. Grande en su tamaño, por su altitud de miras, por su generosidad. Se equivoca el que crea que podemos recluirnos en un grupo, o en un partido. Ni de los viejos ni de los nuevos. Ese movimiento de renovación debe ser robusto en sus fundamentos. Se trata, en suma, no ya de regenerar el sistema, sino de dar con un nuevo sistema que devuelva al Hombre a su sitio. Pensado para el Hombre, en su integridad, y con toda su complejidad. Y en el que quepan todos, sin excepción, salvo el que voluntariamente se excluya.

De cabeza y pico pesados. Sí. Como las águilas. Nuestras principales armas, la inteligencia y la dialéctica; que es hoy como decir la imagen. Sin rehuir otros medios si fueren precisos.  

Sin duda, llama poderosamente la atención la fuerza de las águilas, que les posibilita alzar en vuelo a presas bastante más pesadas que ellas. Y ésa debe ser nuestra labor, personal, y colectiva. Alzar a nuestra presa, que es el totalitarismo sectario, la falta de fe, la partitocracia, la deshumanización, la impostura hedonista, la carencia de esperanza, el relativismo, en fin, la falta de sentido colectivo y nacional, que es la falta de amor  y deshacerlos para que todos vean su  desnudez. Con la fuerza de la razón.

Por último, las águilas poseen una vista extremadamente aguda que les permite visualizar potenciales presas a distancia. Así debe ser nuestra labor. Como las águilas. Escudriñando el fondo de los asuntos. Como las águilas.

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