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La ciudad engalanada. Diríase que durante meses se ha voluntariamente sometido a un luto deseado. Quizás es esa espantosa idea que los gobernantes repiten desde hace años. Quizás es la tediosa y anodina sintonía que todas las mañanas escuchan en la radio: son las 7 de la mañana, las 6 en Fortuna. Diríase que alguien pretende hacernos creer que todos los días son iguales. Aunque muchos sabemos porque nos lo han transmitido, y un día lo comprendimos, que cada día tiene su afán. Cada día es distinto, cada amanecer tiene su sol, y cada noche su luna. La ciudad engalanada: San Jorge.

Me asomo al autobús que me lleva al trabajo. Como todos los días. No! Como todos los días no! Lo he preguntado muchas veces y sigo sin saber por qué alguien se empeña en convencernos de que no hay nada que hacer, sólo pasar, pasar la vida. Tampoco sé por qué los gobernantes cada dos por tres, que son seis, se regodean en esa idea según la cual los habitantes de esa ciudad y sus alrededores son mejores que el resto de sus compatriotas.  Abro por casualidad el libro en la página exacta donde dejé ayer la lectura. Digo causalidad porque lo cierto es que nunca doblo las esquinas de las páginas porque es una falta de respeto al autor, al editor, al transportista, al vendedor, y en último término a mí mismo. Y tampoco suelo utilizar esos puntos de libro, que normalmente incluyen propaganda hortera sobre algún otro libro calificado de best-seller, de ésos que si no compras, eres un tipo raro. La ciudad está engalanada y la gente se mueve rápido, como queriendo llegar antes de tiempo adonde le esperan a su hora. Es San Jorge.

No hay duda en atribuir al santo el cambio radical de fisonomía de esta ciudad. Al santo, y a Shakespeare, y a Cervantes, esto es, al libro. Los que repiten la insidiosa tesis de la superioridad natural de unos frente a otros no leen libros. En caso contrario, callarían avergonzados de su delirio. Es San Jorge. Los libros se acabarán. Se retirarán los tenderetes y desaparecerán las flores de la calle. Quizás la ciudad volverá al ensimismamiento. Una ciudad ensimismada es un cuerpo muerto. Es San Jorge. Todo revive durante unas horas. Es San Jorge! El día en que parece curarse la ciudad.

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